Agustina Carolina del Carmen Otero Iglesias, más conocida como Carolina Otero o La Bella Otero, fue mucho más que una bailarina. Cantante, actriz y cortesana española afincada en Francia, se convirtió en una de las figuras más deslumbrantes y controvertidas de la Belle Époque francesa, frecuentando los círculos artísticos y la vida galante de París, Mónaco y más allá.

Quien fue la Bella Otero ?

Nacida en Puente de Valga (Galicia) en 1868, hija de madre soltera, su infancia estuvo marcada por la pobreza y un suceso traumático: una agresión sexual a los diez años. A partir de entonces, Carolina decidió reinventarse por completo, borrando su pasado. Se unió a una compañía de cómicos ambulantes y comenzó a bailar en locales nocturnos hasta llegar, en 1888, a París.

Fue allí donde nació el mito: La Bella Otero, una mujer de magnetismo incomparable, sensualidad flamenca y gran talento escénico, que conquistó los escenarios más célebres como el Folies Bergère. En 1889, dio vida a un personaje gitano que encarnaba el exotismo y el misterio español ante los ojos fascinados del público europeo, como ya hiciera La Goulue en el Moulin Rouge.

El Consulado de España  en París y La Belle Otero

Tras una investigación más detallada, se ha confirmado que La Bella Otero residió en el número 165 del Boulevard Malesherbes, en el distrito 17 de París, donde actualmente se encuentra el Consulado General de España.  Este edificio, de estilo haussmanniano, fue construido en el siglo XIX y ha sido adaptado para albergar funciones consulares.La conexión entre La Bella Otero y este lugar se ha transmitido a través de relatos históricos y testimonios de la época, aunque no se han encontrado documentos oficiales que lo confirmen.  Es importante destacar que, debido al paso del tiempo y a las transformaciones urbanísticas, puede ser difícil obtener evidencia documental precisa sobre residencias privadas de figuras históricas.

En su apogeo, Carolina Otero se convirtió en un auténtico símbolo sexual de su tiempo. Enamoró y escandalizó a reyes, zares y magnates. Se dice que fueron sus amantes el zar Nicolás II, el kaiser Guillermo II de Alemania, el rey Eduardo VII de Inglaterra, el príncipe Alberto I de Mónaco, el emperador de Japón y el duque de Westminster, entre otros. La colmaron de joyas, fortunas e incluso, cuenta la leyenda, uno le regaló una isla.

> “He sido esclava de mis pasiones, no de los hombres”, reconoció alguna vez Otero.
Los cuentacuentos dicen que sus pretendientes la cubrieron de joyas de la cabeza a los pies, le donaron sus fortunas, pero ella nunca prometió exclusividad.

Una de sus frases más célebres resume su filosofía de vida:

“Las mujeres tienen una misión en la vida: ser bellas. Cuando una envejece, debe aprender a romper los espejos.”

Otero amasó una fortuna estimada en más de 25 millones de dólares, que dilapidó sin reparos en los casinos de Montecarlo y Niza, víctima de su adicción al juego. Se retiró a propiedades que aún conservaban un valor considerable, pero en sus últimos años vivió sola y arruinada. En el momento de su muerte, en 1965 en una modesta habitación del Hotel Novelty de Niza, solo tenía 600 francos, que donó a los más necesitados de su Valga natal.

Otero en la memoria

Carolina Otero fue también una inspiración artística universal. El poeta cubano José Martí, impresionado por su actuación en el teatro Eden Musée de Nueva York en 1890, le dedicó su célebre Poema X de Versos Sencillos:

El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.

(Poema completo al final del artículo)

Una leyenda que traspasó fronteras

La figura de La Bella Otero fue inmortalizada en fotografías, pinturas y hasta en el cine primitivo. En agosto de 1898,en San Petersburgo,                      el operador de cine Félix Mesguich filmó una breve secuencia de Otero bailando La Valse Brillante. Décadas después, un admirador de su imagen encontró esa filmación y le añadió la música de Chopin, dando nueva vida al mito.

Carolina Otero

Incluso se cuenta que las cúpulas del famoso Hotel Carlton de Cannes están inspiradas en sus pechos, reafirmando la mezcla de mito y realidad que la rodea hasta hoy.

Ícono eterno de Mónaco

Caroline Otero, apodada «La Bella Otero», fue un ícono de Mónaco… De origen español y nacida en una familia humilde de Galicia, conquistó a los hombres más poderosos del planeta: el príncipe Alberto I de Mónaco, el zar Nicolás II o incluso el emperador del Japón.

Mónaco fue uno de sus refugios predilectos. En su vejez, según vecinos de Niza, seguía hablando con nostalgia de sus años de gloria: los festines, los príncipes, el champán… Aunque sola, nunca perdió del todo su altivez ni el recuerdo de su leyenda.

Epílogo

Carolina Otero vivió como quiso: a su manera, intensamente, libre y deslumbrante. Su historia nos recuerda tanto la fascinación como la fragilidad de los ídolos, y el precio de vivir sin freno.

Poema «La Bailarina Española»

De Versos Sencillos, José Martí (1890)

> El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.

Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

¡Vuelve, fosca, a su rincón
El alma trémula y sola!

La Bella Otero a la derecha de la foto
La Bella Otero en la habitación  donde vivió hasta su muerte

La Bella Otero fallece en Niza el 12 de abril de 1965. En el momento de su muerte solo tenía 609 francos que dona a las familias más necesitadas de su Valga natal. En la actualidad, La Bella Otero está considerada “personaje ilustre” en el Concello de Valga y sobre su tumba en el cementerio de Niza se puede leer “C. Otero”.

Video Agencia E.F.E

La Bella Otero, cuyo nombre real era Agustina Carolina Otero Iglesias, fue una figura emblemática de la Belle Époque, reconocida por su belleza, talento artístico y vida llena de contrastes.

Infancia y Juventud

Nacida el 4 de noviembre de 1868 en Valga, Galicia, en el seno de una familia humilde, Agustina enfrentó una infancia marcada por la pobreza y la tragedia. A los diez años, sufrió una violación que la dejó estéril y la impulsó a huir de su hogar. Adoptó el nombre de Carolina y comenzó a trabajar en compañías teatrales ambulantes, desempeñando diversos oficios para sobrevivir .
Carrera Artística y Ascenso a la Fama
En 1888, en Barcelona conoció al banquero Ernest Jurgens, quien la ayudó a iniciar su carrera como bailarina en Francia. Su exotismo y carisma la llevaron a presentarse como andaluza de origen gitano, una imagen que cautivó al público parisino. Se convirtió en una estrella del Folies Bergère y realizó giras internacionales, incluyendo actuaciones en Nueva York, Argentina y Rusia

Vida como Cortesana y Musa

Además de su carrera artística, La Bella Otero fue una de las cortesanas más famosas de su tiempo. Se relacionó con figuras prominentes como Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España y Eduardo VII del Reino Unido. Sus amantes la colmaron de joyas y regalos lujosos, incluyendo propiedades y objetos de valor incalculable .

También inspiró a artistas como Renoir y Toulouse-Lautrec, y se dice que las cúpulas del hotel Carlton de Cannes están inspiradas en su figura .

Declive y Muerte

A pesar de su éxito, La Bella Otero padecía ludopatía, lo que la llevó a dilapidar su fortuna en los casinos de Montecarlo y Niza. Se retiró de los escenarios en 1910 y vivió sus últimos años en la pobreza, subsistiendo gracias a una pensión del Casino de Montecarlo. Falleció el 12 de abril de 1965 en Niza, a los 96 años, sola y rodeada de recuerdos de su glorioso pasado

La Bella Otero en su pequeña habitación

La vida de La Bella Otero ha sido objeto de múltiples biografías, películas y estudios que intentan desentrañar la realidad detrás de la leyenda. Su historia refleja la complejidad de una mujer que, a pesar de las adversidades, logró convertirse en un ícono de su época.


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