¡PARÍS ES UNA FIESTA!

En 1924, París acogía sus segundos Juegos Olímpicos. 100 años después,la ciudad ha sido no sólo testigo,sino protagonista del evento deportivo más importante a nivel mundial. Ser voluntaria en estos Juegos es una experiencia que recordaré toda la vida con especial cariño y que permanecerá siempre en mi memoria.
Mi nombre es María Crespo y he sido voluntaria en los Juegos Olímpicos de Paris 2024. Tengo 22 años y soy de la provincia de Ourense.
Actualmente, me encuentro cursando el 5ºaño del doble grado de Derecho y Relaciones Laborales, en la Universidad de Santiago de Compostela.En tercero de carrera hice mi erasmus en París,una experiencia que no olvidaré nunca por todo lo que aprendí y por lo feliz que me hizo.
La cultura francesa está,desde siempre,muy presente en mi familia.Mi padre es profesor de francés y fue quien me enseñó el idioma desde pequeña. No hay nada como París para mí; es mi ciudad favorita, voy frecuentemente y la conozco muy bien. Tiene un je n’sais quoi que despierta en mí una fascinación sublime. Cito a Jules Renard : « Ajoutez deux lettres à Paris : c’est le paradis »
Cuando,todavía estudiando en París,supe de la búsqueda de voluntarios por parte de la organización,decidí presentar mi candidatura de inmediato,8ya que sabía que sería una experiencia extraordinaria :disfrutar de un París esta vez diferente, capital Olímpica,unido a poder vivir los Juegos desde dentro. El proceso de selección fue largo,había unos 300.000 candidatos para 45.000 puestos,y aun que había diversas pruebas,el requisito más valorado eran los idiomas. Más de un año después, re8cibí la confirmación de uque había sido 00seleccionada.
Fue para mí una emoción muy grande así que seguí muy atenta desde España todas las comunicaciones por parte de la porganización.
Volé a París con unas semanas de antelación al comienzo de los Juegos y me alojé en una residencia universitaria. Aproveché entonces, para disfrutar de las festividades previas, como la llegada de la llama olímpica el 14 de julio y demás celebraciones por el Día Nacional de Francia, como el concierto de música clásica de la Orquesta Nacional,la exhibición de fuegos artificiales. Pese a todo, en los días previos al inicio de los JJOO, se respiraba en París cierto escepticismo, en buena parte propulsado por los medios de comunicación. Se creía que, en realidad, la ciudad no estaba lo suficientemente preparada para albergar tal evento. Sin embargo, el 26 de julio y bajo la intensa lluvia de la Ceremonia de apertura, confirmamos que ese espectáculo que se desarrollaba ante nuestros ojos y aquellos eventos que habría en adelante, serían recordados en el futuro como algo histórico.Con la Ceremonia de inauguración pasamos de la Revolución Francesa al París de la Belle Époque, del cancán de Montmartre al baile más contemporáneo, del Louvre a las Catacumbas, de un país a otro en bateau-mouche y de la tradición a la modernidad, gracias a la actuación de la Garde Républicaine con Aya Nakamura, frente al Institut de France. A partir del día siguiente, realizaba mis funciones en el estadio de Arena la Chapelle, donde tenían lugar las competiciones de bádminton y gimnasia rítmica, así como parabádminton y parahalterofilia, durante los Juegos Paralímpicos. Mi trabajo consistía en “servicios a los espectadores”, que se materializaba, fundamentalmente en tareas de información y guía.Allí, junto a mis compañeros (ahora amigos) voluntarios, pasé momentos y días excepcionales. Aunque teníamos tres turnos prefijados,dentro de un horario completo que comprendía de 5.30 de la mañana hasta las 23.30 de la noche, los mismos eran rotativos y disponíamos de cierta flexibilidad horaria por parte de nuestros coordinadores. A pesar de que las jornadas de trabajo eran largas e intensas, trabajábamos cada día con ímpetu, ilusión,esfuerzo y alegría. Retroalimentarnos los unos a los otros y transmitir esos sentimientos a los demás, fue la receta de nuestro estado de euforia diario. Era realmente gratificante poder conocer y ayudar a tantas personas de tantísimos lugares del mundo. En mi caso, hablar inglés y francés me ha abierto las puertas a oportunidades que,de otro modo no tendría disponibles,y ha sido beneficioso para ambas partes, tanto para quienes demandaban nuestra ayuda,como para nosotros,voluntarios, enriqueciéndonos de historias, valores y culturas diferentes. A diferencia de otros, en estos Juegos Olímpicos la ciudad de París ha sido una protagonista más. Y aunque demos por hecho que la capital francesa es la belleza convertida en ciudad, convendría recordar más a menudo que,si lo es y si estos Juegos han sido tan elegantes y bonitos, es porque se han desarrollado bien en las inmediaciones,bien en el propio interior de monumentos construidos en una época en la que no existía una regulación 35 heures.He tenido la oportunidad de asistir en persona a competicion tan impresionantes como, entre otras, la de vóley playa, bajo la impactante vista de la Torre Eiffel desde los Champs de Mars; a competiciones en pleno corazón de París como ciclismo (recreando la Rue Montorgueil à Paris, de Monet) o marcha, en Trocadéro…o a algunas incluso más, especiales, si cabe, como la de bádminton, deporte representado por nuestra Carolina Marín. Su testimonio es el claro ejemplo de resiliencia ante las adversidades de la vida. Aprendizajes como este, cargados de tesón y de perseverancia son parte de la herencia olímpica que, nos dejan cada 4 años diferentes atletas. Lo que más me impactó y el recuerdo más bonito que tengo es la emoción vivida. Es mi primera vez en munos Juegos Olímpicos y nunca había experimentado tal vorágine de emociones. Anteriormente,nunca había llegado a comprender la pasión que llevaba a tantas personas a recorrer kilómetros y kilómetros con tal de seguir los partidos de su deporte o deportista favorito. Sin embargo, el voluntariado ha cambiado mi percepción porque he entendido que la experiencia va mucho más allá de poder ver un partido: es convertir el viaje en una vivencia colectiva compartida con otros espectadores, atletas, delegaciones, voluntarios… siguiendo desde lo más profundo del alma, cada triunfo o caída del deportista. He vivido de cerca el empeño y el esfuerzo de los atletas oy me rindo a sus pies por cómo trabajan,los ideales que transmiten y el entusiasmo que nos han contagiado a miles de voluntarios y a millones de espectadores. Es una polarizada y conflictiva situación internacional como la de hoy, los Juegos Olímpicos han aportado esperanza y unidad. Todos aquellos venidos de otros países han representado valores como la fraternidad de los pueblos, la tolerancia o el pluralismo y han recordado la importancia de la cooperación y del respeto. Tal y como decía Victor Hugo, “París es el centro de la humanidad”. Los Juegos llegaron la su fin,y ahora la nostalgia empaña nuestros recuerdos,pero siempre permanecerá en mi memoria lo vivido,el intercambio de culturas, las enseñanzas aprendidas,los amigos y las personas que tuve el placer de conocer y la felicidad de haber sido voluntaria en los Juegos Olímpicos de París.En 1920, Hemingway escribía lo siguiente: « Si vous avez la chance d’avoir vécu jeune à Paris, où que vous alliez pour le restant de votre vie, cela ne vous quitte pas, car Paris est une fête »Realmente, no creo que exista descripción más acertada de Paris 2024.Para Hemingway París era una fiesta. Para mí, siempre lo será.

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